La isla del tesoro, de Robert Louis Stevenson

He leído varias reseñas comentando que el punto fuerte de esta novela es la transición que sufre el muchacho protagonista, que para la última página acaba convertido en un hombre hecho y derecho, valiente y justo, con todas las de la ley. Me parece bien apuntar ese dato como algo anecdótico, pero es casi insultante que sea el pilar sobre el que se basa la novela.

Todo el mundo sabe (todo el que haya leído el libro y haya visto la dedicatoria) que Stevenson se inventó la historia del tesoro para distraer a su hijastro. No sé cuantos años tendría el chaval por aquella época, pero no sería más que eso: un chaval. Por lo tanto, y Stevenson lo sabía, a los chavales hay que entretenerlos. Mejor para la historia si entre medias introduces algún matiz con más sustancia, pero con esta lectura nos vamos a enfrentar a un relato de aventuras como Dios manda; una historia de piratas. Y ya.

Yo recomiendo que quien quiera leer este libro, lo haga sin saber lo que está haciendo; que coja un libro al azar de la estantería (que ese sea, por azar, La isla del tesoro), que lo abra y lo ojee; que no piense ¿estará bien? ¿será bueno?. No. Que empiece con la primera linea y desconecte, que no intente adentrarse más allá de lo que la novela te da, de su acción y su intriga. No te preguntes qué va a pasar a continuación; ve a la isla del tesoro subido en la Hispaniola pirata y goza.

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