Superman: La Caída de Camelot, de Kurt Busiek y Carlos Pacheco

CamelotFallsY Jesús Merino y cuatro dibujantes más a cargo del color. Llama la atención la cantidad de gente que hace estos tebeos. De esta manera, todo parece elaborado con un fin meramente comercial, y el buscado “artista”, el que prosigue un propósito artístico y no económico, queda postergado al olvido. Claro, lo mismo sucede en el manga. Si nos fijamos en las obras de serialización semanal o quincenal, el autor utiliza, dependiendo de su capacidad y rapidez de dibujo, más o menos asistentes que le ayudan con las tramas, fondos, etcétera. Mercados exigentes, claro.
Ahora, entrando en materia e intentando ser breve, como siempre (o como excusa), no tengo más que admitir que este es el primer cómic de Superman que leo. En general, no soy muy asiduo a la historieta superheróica más allá de algún Batman famoso, pero el otro día me asomé a la sección infantil de la biblioteca (visita semanal que es ya casi obligatoria), y ahí lo vi, con su tapa dura en la edición de ECC. Me lo llevé a casa y al abrirlo intenté leer sin prejuicios, sin pensar que iba a ser muy prototípico o a estar lleno de clichés. Siempre he sido muy crítico con “el típico cómic de superheroes”, más por desconocimiento que por otra cosa, y al adentrarme en las páginas de este tebeo es cierto que una parte de mí no podía olvidar las versiones cinematográficas más recientes sobre superhéroes. Pero ahí es donde entra en juego el digno guion de Kurt Busiek.
Kurt juega con Superman en todas sus formas posibles: nos presenta a un héroe más intimista y con ciertos problemas maritales, al patriota y también a un héroe globalizado. No pretende crear un contexto previo: el personaje no nos es presentado, dando por hecho que todo el mundo lo conoce, extendiendo esto incluso a su historia y entorno, villanos, aliados o amigos. Además, crea un mundo lleno de referencias, ya sea Camelot, eje sobre el que gira el motivo del villano, Cthulhu, Alamut, la Atlántida, o jugando con el mito y el misterio: el viejo y abandonado centro cientifico Kajazo, el grupo militar secreto del gobierno, o paisajes exóticos como Machu Picchu o el Tíbet. Todo ello hace del cómic una pieza muy atractiva para el ávido lector de aventuras.
Pero es en esa referencia a Camelot cuando el cómic cobra vida propia y reverbera ecos de nada menos que Watchmen. Superman se ha de enfrentar a un reto que no puede superar mediante fuerza bruta, que precisa de otras cualidades: un conflicto moral entre los sentimientos personales del propio personaje y los que conciernen al resto de humanos. Al igual que el cómic de Alan Moore, el villano no es tan villano como parece, y sus intenciones no son en ningún momento malignas, sino todo lo contrario; son los medios, ahora sí, el problema. Pero al contrario que el otro tebeo, La Caída de Camelot no culmina con esa precisión tan exacta y perfecta de Watchmen, relegando en un final, digamos, y por no hacer spoiler, utópico. Es decir, un cómic con pretensiones que se queda a mitad de camino.
Pero el resultado final es mucho mejor de que me esperaba. El cómic es divertido y se lee del tirón, y el dibujo de Carlos Pacheco y Jesús Merino, aunque abusa de páginas de una sola viñeta, es mucho más que impresionante. En fin, un buen tebeo.
Hmmm
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