Jack Vance

Jack Vance CocheSi había algo que me reconfortase después de un mal día, era pensar que Jack Vance seguía vivo. La primera guerra mundial. La segunda guerra mundial. 96 años de existencia cargados a la espalda, y dudo que haya gente que los haya llevado y aguantado tan bien. Más de cien relatos y de cincuenta novelas; una por casi cada dos años de vida. La última la escribió en 2004, con 89 años, y en 2010 publicó una autobiografía con la que ganó un premio Hugo. Activo hasta el final, ha pasado sus últimos años tocando el banjo y componiendo un jazz que ahora está disponible en su web. Por supuesto, no he conocido a Jack Vance en persona, pero creo poder afirmar que ha tenido la mente lúcida hasta el mismísimo final, y todo a base de trabajo y constancia.
En mi viaje a Estados Unidos, uno de mis principales objetivos era buscar en cualquier tipo de librerías novelas de algunos de mis autores favoritos. Encontré a varios; algunos en ediciones muy decentes y dándoles el prestigio que merecen; de otros, tan solo libros viejos en librerías de segunda mano; de Jack Vance, nada. En una estupenda librería de viejo de San Diego había una sección bastante decente de fantasía y ciencia ficción. Busqué por la V: “la uve, la uve, Vance, Vance… ” Pregunté al encargado, un hombre calvo y alto que se pasaba las mañanas leyendo detrás del mostrador (sí, algunos libreros se pasan las mañanas leyendo, no es un mito). No sabía de quién le estaba hablando. Hizo una búsqueda rápida por la aborrecida V (“la uve, la uve, Vance, Vance… “) y me confirmó la desdicha. Me apenó irme con la manos vacías, pero mucho más que ni en su tierra natal Jack Vance fuese un autor de prestigio.
Fui a San Francisco a pasar un día y medio. Me subí todas las cuestas, curioseé tiendas, hice la típica foto de las casa inclinadas, paseé el por barrio chino, me comí una hamburguesa y visité alguna que otra librería. Cuando empezaba a atardecer, me encontraba en un mirador emplazado en lo alto de una colina. Se podía ver todo. El distrito comercial con aquellos edificios enormes, la famosa calle serpenteante, Alcatraz. A un lado, podía observar, glorioso, el Golden Gate. Un puente bonito, sin duda. Y rojo. Pero ya. El puente que de verdad me fascinó estaba al otro lado del mirador. Cruzaba la bahía de San Francisco y conducía hasta Oakland. Mucho más grande y de color neutro. De momento, nada especial.
Jack y Norma Vance
Recuerdo que antes visitar la ciudad, leí un artículo algo mediocre pero muy sincero de un tal Joe Bergeron. Decía que el mismo Jack Vance, tras recibir una carta de este en la que hablaba de lo mucho que habían significado sus libros, le había invitado a pasarse por su casa si alguna vez visitaba la zona. Emocionado, a la menor oportunidad cogió un avión hasta Los Ángeles (y no a San Francisco, pues según él, el viaje sería así mucho más Vanciano), y recorrió en coche la amplia diferencia del trayecto. De Vance dijo que era un hombre simpático y bonachón, aunque algo gruñón y carácter muy fuerte. En el artículo observa como Jack no tuvo problema alguno en discutir su obra, criticar fieramente a otros autores y artistas y defender el jazz como el arte musical más refinado. Abandonaron la casa a la mañana siguiente, después de desayunar con Norma y Jack Vance y haber cumplido un sueño.
En San Francisco, una de las ciudades más maravillosas de planeta, mi único pensamiento, allá en ese alto mirador, se centraba en el puente que cruza la amplia bahía y en cuya desembocadura, en la ladera de alguna colina, se encuentra la casa de Jack Vance, en Oakland, donde se han gestado tantas y tantas aventuras, viajes y escenarios que han hecho disfrutar a tantas personas. Me imaginé a Jack Vance, fuese quién fuese, sentado tranquilamente en un sillón en su casa, tocando el banjo, echándose unos kikos o haciendo lo que el hombre hiciese en su casa. El puente hacia Oakland cobró en ese momento un significado mucho mayor al que puedan tener mil puentes rojos juntos.
Jack Vance ha vivido 96 años, pero os puedo asegurar que, tras esta larga estancia entre nosotros, John Holbrook Vance aún no ha muerto.

Vance Hugo

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