Madouc, de Jack Vance

LyonessePodría decir que me entristece terminar de leer la saga fantástica que sin duda más he disfrutado en mi vida. Debo reconocer que despedirme de personajes tan carismáticos como Aillas, Madouc, Dhrun, Casmir o Shimrod no es algo bienvenido. Pero bien es cierto que cuando las cosas se hacen bien, uno no tiene por qué lamentar el final de una buena etapa. Las cosas buenas no duran para siempre, eso lo sabemos, pero es más importante terminar con dicha felicidad antes de que se vea afectada por la monotonía, prima hermana del tedio. Jack Vance tiene esa virtud, entre muchas otras: la de ofrecer un paisaje lleno de personajes y lugares carismáticos, pero tan solo en su justa medida, dándonos así tiempo para disfrutar con ellos, odiar a los malos, llorar con las pérdidas o maravillarnos con sus aventuras.
Jack Vance ha construido una historia creíble, al fin y al cabo, y ese es su punto fuerte. Y para ello se ha valido de multitud de puntos de vista. Lo que aquí tenemos no es una historia de buenos contra malos. El bueno es tan protagonista como el malo, cada uno tiene su momento, y los malos no son tan malos ni los buenos tan buenos. Si escogemos a Casmir y a Aillas y los contraponemos, podríamos decir que mientras uno, Aillas, representa el bien, las buenas maneras y es defensor de la paz, el otro, Casmir, es un hombre ambicioso, cruel y vengativo. Pero no es tan simple. Vance nos pone en la piel de todos los personajes, y ninguno es menos protagonista que el otro. El mundo de Lyonesse está repleto de una miríada de personalidades, cada una diferente a las otras, y cada una con su momento en la historia. Podremos ver así que cada acción tiene varios puntos de vista, que nada es blanco o negro, y que como todo, hay varias maneras de mirar las cosas y que estas, por supuesto, condicionan la verdad o falsedad de cada una de ellas. Por eso mismo todo parece tan real, a pesar de lo fantástico, y “los malos”, a pesar de ser tan malos, son, por momentos, casi amigos nuestros.
Lo que más me ha gustado es que las cosas que tienen que pasar, pasan. Nos libramos de la épica y el dramatismo, y nos acercamos a una visión más austera de la narrativa de aventuras, sin escenas de acción eternas o batallas alargadas hasta lo aborrecible. Porque lo que a Vance le gusta es el mundo imaginario: plantear un viaje lleno de exotismo, los juegos de ingenio y la acción inteligente. El final, con todo (y sin spoilers), es bastante digno para las más de mil páginas de aventuras. Quizá apresurado, pero a mi parecer explayarse más en la historia habría sido un error, y tratarlas cosas como lo hace Vance, sin pararse en detalles que en realidad no están acorde con el tono del resto de la novela (por no destripar, lo dejo así, aunque quede ambiguo), es lo adecuado. Genial de principio a fin. 
Reseñas de las otras partes:
El jardín de Suldrun (Lyonesse 1)
La perla verdad (Lyonesse 2)
Madouc (Lyonesse 3)
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3 respuestas a Madouc, de Jack Vance

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