Sobre Happy! (tomo 4), de Naoki Urasawa

dineros

Me imagino la cabeza de Naoki Urasawa a pleno rendimiento entre 1993 y 1999. Su serie Happy! se serializa almismo tiempo que Monster, y me pregunto si Urasawa no veía Happy! como una carga, una obra hecha a petición de sus editores a la vez que desarrollaba el extenso thriller que le daría fama mundial. De Urasawa tenemos muy claras sus ambiciones. En una larga entrevista para la televisión japonesa hablaba de Fénix, de Osamu Tezuka, como una obra que había que leer al menos una vez en la vida, y tenía ese mismo cómic como el camino que el mismo querría seguir algún día. Con Monster cambia de tercio por completo, pero con Happy! parece estancado en una misma fórmula que ya mostró en Yawara!

En ese mismo punto veo a Urasawa imaginando tramas la mar de enrevesadas, con Chôko como detonador de gran parte de ellas. Un personaje al que se le ha dado la vuelta, convirtiéndola en un absurdo, una parodia de sí mismo, tan tenaz y certero en sus intentonas que llega a aburrir. Resulta difícil creer a un personaje tan obsesionado con la desgracia ajena, tan obcecado con ese sin sentido, y además sin un objetivo demasiado claro más allá de arruinar a la protagonista. Eso no solo lo hace aborrecible, sino que interrumpe la trama. El manga no parece avanzar hasta pasadas las primeras 200 páginas, en las que se muestra únicamente un odio absurdo y generalizado hacia una Miyuki Umino que de tan buena e inocente casi que aburre tanto o más que su enemiga.

Por eso cuando se acerca, ya al final del tomo, el torneo organizado en el hotel, la cosa mejora. La trama avanza, y todos los preparativos que Urasawa nos ha mostrado en esa primera mitad de tomo, aunque aburridos, le dan sabor y contexto a lo que viene a continuación. Mostrar la cara oculta de las personas, esa faceta ruin y egoísta, es una de las virtudes de este manga, y sin duda uno de los objetivos con los que Urasawa pretendía potenciar la crudeza de esta obra y con la que desmarcarse de lo que hizo en Yawara! Las apuestas ilegales organizadas en el hotel, la mirada egoísta de los vecinos de Miyuki, o la eterna maldad de Chôko. El dinero como una sombra infinita.

Al final esto sigue siendo un manga deportivo. Un cómic de aventuras donde el protagonista lo pasará mal hasta que pueda vencer al final. No es una oda al deporte, ni mucho menos al tenis, sino un shōnen con mala leche, con personajes agrios y rancios, tan malvados como reales, miserables pero también bondadosos. Urasawa no habla de deporte, sino de una chica que se enfrenta a una situación injusta y que ve una salida en el tenis profesional. Ya veremos si merece la pena seguir con esto.

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