Come Prima, de Alfred

cp1Probablemente unos de los cómics que he leído con más ganas este año. El hype era tremendo, desde la aparición del sello Salamandra Graphic, el premio concedido en Angouleme a la obra, el galardón más alto que el festival otorga, y el hecho de ser una obra tremendamente atractiva desde el exterior: el precioso dibujo, la edición; a lo que deberíamos añadirle una crítica sumamente alabadora, desde la crítica internacional, la prensa como muchos blogs y webs, tanto especializados en literatura como en cómic. El hype, sin duda, ha sido tan grande como la decepción. Come Prima es un cómic con uno de los dibujos más bonitos que he visto nunca, muy atractivo y vivo, pero también está cargado de experimentos narrativos metidos con calzador, personajes sumamente aburridos, mal caracterizados y poco aprovechados; diálogos reiterativos, largos, en cierto modo evasivos, como evitando ir al grano para poder ocupar una página más; narración lenta (en la que, irónicamente, las páginas pasan volando), a veces tan llena de paisajes y lluvia y montañas que, otra vez, tenemos las sensación de estar ante libro de ilustraciones (o, sencillamente, viendo a un autor con ganas de alargar su obra). Mi reseña, si habeís leído la que hace Óscar Gual en Entrecomics, es bastante innecesaria porque digo más o menos lo mismo.

El libro con el que se estrena Salamandra Graphic merece la pena echarle un ojo en la biblioteca, o comprarlo si eres de los que compra un cómic por el dibujo. Y es que este aspecto de Come Prima merece mucho la pena. El vivo color de los paisajes, el cambio de tono en los flash-backs. Alfred luciendose durante 200 páginas en lo que es lo único interesante del volumen.

¿Pero qué pasa en Come Prima? Sin intentar desvelar demasiados detalles de la trama, que son bien pocos, esta novela gráfica trata de dos hermanos que se juntan después de años sin verse: puntos de vista distintos, experiencias distintas: el hermano que se fue y que se quedó; el rebelde y el bendito; Alfred no se esfuerza demasiado en la caracterización de los personajes, pues además de no ser originales en absoluto, resultan hasta molestos: sus problemas no llegan a interesarnos, y la historia fluye de tal manera que, sea cual sea el posible final, deja de ser lo importante. Gio y Fabio conocen por el camino a varios personajes que, hablando de ellos mismos, dejaran al descubierto el pasado de los protagonistas. Alfred utiliza esta estrategia para adentrarnos en el contexto de la historia, pero resulta en algo sin gracia y, otra vez, fastidioso: personajes secundarios aburridos, a los que Alfred, intentado dotar de gracia y personalidad, ha dado la vuelta y ha creado sujetos sin fuste alguno, que bien podrían haber sido graciosos, pero por algún motivo que no llego a entender, terminan siendo aburridos, típicos, sin gracia alguna: tanto el borrachín como el autoestopista llenan las páginas de diálogos sin interés, y el párroco, el único posiblemente interesante y que de verdad aporta algo, desaparece muy rápidamente de la historia.

Cuando vas llegando al final de la historia, has perdido el interés por todo. Creo que Alfred ha intentado ser original, y de esta manera ha fallado en dos cosas. La primera es que ha pasado muy encima de los elementos de la historia más intenresantes, como son la historia entre Gio con Maria, a la que dedica tan solo unas pocas páginas, o la historia del padre muerto, que es prácticamente ignorada. En cambio se centra en la persona por la que habla por teléfono, un personaje muy poco interesante. Tal vez, tratando de alejarse de los temas tópicos, Alfred ha creado otros distintos que han resultado no funcionar. El segundo error es el experimento gráfico que se realiza a lo largo de toda la obra. Los flash-backs están dibujados en un tono distinto, también bonito, pero que hace la obra aún más obvia. A veces aparecen páginas enteras dedicadas a paisajes, y hay dos páginas al final del recorrido que son únicamente nubes y nubes en viñetas, lo cual te deja con una sensación de indiferencia. Otros funcionan, como la conversación con el perro o la acumulación de bocadillos en una viñeta indicando que al personaje le están pasando mil cosas por la cabeza. Pero otra vez los diálogos se hacen redundantes y acaban cansando al lector.

La idea de ese viaje en el que los personajes se dan una segunda oportunidad, entre ellos y para ellos mismos, es necesariamente un punto de partido difícil, sobre todo si tu intención no es elaborar a partir de ahí algo nuevo, llevar tu obra, o ese tópico, a nuevas cotas con las que contar algo diferente a lo hasta ahora visto. Pero Alfred no lo hace, se recrea en el viaje; este cómic es más un homenaje a esas road movies que una obra con identidad. Parece un cómic hecho con el piloto automático, trazado con una amalgama de tópicos; una mezcla de todo lo ya hecho. Básicamente como esta reseña.

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