El eclipse de Yukio Mishima, de Shintaro Ishihara

Ishihara_MishimaA Shintaro Ishihara me lo ha descubierto la editorial Gallo Nero y es algo agradeceré hasta el infinito y más allá. El recopilatorio de relatos La estación del sol me ha parecido uno de los mejores libros que he leído en 2014. Es curioso cómo un autor así de prolífico y de tal relevancia en Japón, no solo en el ámbito literario sino en político y social (Ishihara fue gobernador de Tokio durante trece años, que se dice pronto, además de ser ganador del premio Akutagawa con 23 años), ha permanecido desconocido en España tanto tiempo, lo que nos demuestra todo lo que nos queda por descubrir de ese país. La estación del sol me sorprendió por muchas cosas, en especial porque nos enseña que en Japón no son todo historias melancólicas y tristonas. La literatura japonesa no es siempre Akutagawa, ni Mishima ni Dazai: hay lugar para autores un poco más directos y salvajes como Ishihara, más físicos y superficiales.

En este libro, muy distinto al otro que he mencionado, Ishihara expone de manera muy breve su punto de vista sobre lo que dio de sí la vida de Yukio Mishima. Si bien fue uno de los escritores más grandes de su tiempo, su vida fue contradictoria en muchos aspectos, y en ninguno de ellos fue feliz. El libro empieza diciendo que uno de los mayores favores que se le ha podido hacer a su obra es la propia muerte del autor. Y tiene sentido porque en la época en la que estuvo vivo, Mishima fue un personaje muy carismático, con mucha presencia en los medios y en la sociedad nipona. O al menos esto hace entender el libro. Supongo que tal vez este ensayo estuviese orientado a un público japonés, porque dudo que la fama de Mishima y su presencia llegase de manera tan viva hasta occidente en la época en la que vivió.

Desde el principio nos cuenta que Mishima se vio condenado a su personalidad de escritor, que se convirtió en una parodia de sí mismo, del personaje que él mismo había creado. Se le denegó el acceso al ejército en los años de guerra por tener un cuerpo débil, el Nobel (voy resumiendo) se lo dieron a Kawabata y no a él; el propio Ishihara se le adelantó en su interés por la política y le quitó un puesto que ambos, sin saberlo ninguno, buscaban. Según Ishihara, Mishima vio como muchos de los reconocimientos y de los méritos que buscaba se frustraban y acababan en manos de otros. Su complejo por un cuerpo débil le hizo practicar varios deportes, entre los que está el boxeo, pero al ser, según Ishihara, un boxeador lamentable, empezó a hacer culturismo para glorificar su cuerpo. Ishihara hace mucho empeño en esto del culturismo, y lo tacha de ser una actividad inútil, únicamente exhibicionista y sin objetivo alguno: lo consideraba, por tanto, una actividad vacía y que no proporcionaba a Mishima aquello que él ansiaba y de lo hacía gala: el sufrimiento y la recompensa posterior que ofrecía el deporte.

Ishihara no se corta. Habla de todos los defectos del que dice fue un gran amigo suyo. Mishima, sin duda, tuvo que ser un personaje difícil, sobre todo en sus últimos años cuando había creado su milicia y todo su personaje y su figura pública se le habían subido a la cabeza. Es imposible, sin embargo, no cuestionar las palabras de Ishihara, hasta qué punto esta versión suya está manipulada o simplemente elimina detalles que no apoyen su discurso. Como desconocedor de la época y de los figuras de ambos personajes, me cuesta hacer una valoración clara del ensayo, pero recomiendo leer con cierto excepticismo, pues si por lo general me parece una pieza clave para entender a Mishima, y un ensayo por lo general muy logrado, no deja de ser un solo hombre el que escribe esto.

Ishihara dice al final que todos los complejos y problemas que molestaban a Mishima no eran otra cosa que un impedimento para que se desarrollara uno de los talentos para la literatura más capaces de la época. Alaba a Mishima, a su talento, le agradece los consejos y la guía que fue en sus primeros años como escritor, pero no cae en el sentimentalismo a la hora de cerrar la obra y no se olvida de la realidad: Mishima se suicidó absurdamente con 45 años. El personaje que creó, la fama que intentó obtener en el cine, la música; lo único que consiguió de aquellos inútiles intentos fue una distracción de lo que realmente importaba: su talento literario, que por suerte podemos decir no murió por completo con él.

Si hay algo seguro, es lo interesante que resultan las entrevistas del final. Hay tres, en concreto, una de ellas muy poco antes de la muerte de Mishima. Y en ellas podemos lo ver en primera personaje lo genial que fue su mente, lo preclara y tenaz y analítica que podía llegar a ser. Sus comentarios, su paciencia con el joven Ishihara, y también lo excéntrico que resultaba a veces. Gran libro.

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