Gallo de pelea, de Charles Willeford

cockfighter

AVISO: Esta mini reseña destroza por completo la novela (¡SPOILERS!). Si te mueres por leerla, te recomiendo que leas antes Gallo de Pelea (Sajalín, 2015), de Charles Willeford, que es un librazo.

Tiene truco, y el problema es que tardamos unas cuantas páginas en darnos cuentas. Frank ha jurado voto de silencio, parece sincero y honesto y tiene pasión por algo, básicamente lo que muchos somos o queremos ser. Por eso mismo no han pasado más que unas pocas páginas y Frank nos cae bien. No nos gusta el deporte al que juega, pero como sabemos que es un libro, nos da igual y disfrutamos como si estuviésemos viendo una película en la que matan gente. Y además la narración es buenísima: Willeford es maestro en dar lo justo de cada cosa, de centrarse lo mínimo en detalles interesantes e incluso de acortar todo lo posible lo que más esperamos. El capítulo final desenlaza los tres frentes que tenía abiertos en apenas veinte páginas y las peleas de gallos, que es lo que más esperamos leer acaban en un párrafo pequeño si no son importantes y dos páginas (como mucho) si lo son (y son pocas). Y eso es porque el viaje de Frank Mansfield está bien construido, es sensato hasta el punto de que nos lo creemos y en él vamos descubriendo, a través de un narrador en primera persona, cómo funciona el tema de la gallística y cómo funciona la mente de Frank, que se rige por un código de amor propio y honor muy chapado a la antigua pero que nos gusta, y no podemos evitarlo.

Pero entonces lo ves. Lo ves muy claramente: Frank Mansfield es un capullo. Se lo dicen al final de la novela, pero tú ya te habías enterado. Porque riñe gallos hasta la muerte sin remordimiento alguno, le roba la casa a su hermano y su cuñada y la vende y envía a paseo a las mujeres que se le acercan y tan tranquilo. En el fondo es divertido verle actuar así, pero sabes que no está bien. Su código moral no es el tuyo y sus actos serían bastante reprobables si los contemplaras desde un punto de vista moderno (y no digamos animalista, feminista, racista…). El problema es que MUY divertido. El libro es muy bueno y quieres que le salga todo bien a un tío como Frank Mansfield. Y al final de la novela, aunque ya te esperas que algo va a acabar torciéndose (sería decepcionante si no lo hiciera), la chica le rechaza y te da un poco de pena. Y es ese momento lo mejor de toda la novela: nos estamos compadeciendo (tampoco demasiado, todo hay que decirlo, pero sí que reconocemos que la fortuna no le ha sonreído) y antes de que nos dé tiempo a pensar que se lo merece el tío dice que mira, mejor, que le den a Mary Elizabeth, que ahora es el mejor gallero del mundo, vuelve a hablar y todo el mundo le admira.  Va a recoger su premio y se va con su amante viuda a Puerto Rico. Fin de la historia.

Mirando un poco en Wikipedia, las peleas de gallos son legales en Andalucía y Canarias, en el Reino Unido se prohibieron en 1835 y en Francia son ilegales excepto en sitios donde se consideran una tradición muy arraigada al lugar (también los toros). En Estados Unidos, el último estado en el que se prohibió fue Luisiana en 2007.

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